09 diciembre 2010

LA REINA JUANA DE CASTILLA, ENAMORADA DE FELIPE EL HERMOSO.


Juana, con su sobrenombre de Loca indica que no tuvo consideraciones de su familia y que fue tratada sin respeto por el pueblo. Ninguno de los cronistas de la época y más tarde los historiadores han sido condescendientes con la hija de los Reyes Catolicos.

Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. Su parecido con su abuela paterna, doña Juana, motivó que cariñosamente, Isabel llamara a su hija “mi suegra”. Su educación estuvo marcada por la severidad, tanto de su madre como de sus maestros. Aprendió latín desde pequeña y se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja, vocación que frustraron sus padres, ya que cuando cumplió 16 años concertaron su boda con el archiduque Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y María de Borgoña, conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la política exterior de los Reyes Católicos, que buscaban alianzas de Estado.

De Felipe se dice era apuesto, alto, atleta que ejercitaba las artes de la caballería y las armas, aunque las pinturas de la época de tal personaje no acreditan en verdad el sobrenombre del hermoso que tenia. Nada mas conocerse ambos cónyuges sintieron una mutua atracción y decidieron una boda rápida ya que los fogosos cónyuges decidieron consumar su unión de manera inmediata. La boda por intereses de los reyes, se celebró en Lille el 21 de agosto de 1496.

El matrimonio no cambió la actitud conquistadora de Felipe, acostumbrado a mantener relaciones sexuales con damas, lo que era habitual en la corte borgoñona, cuyos nobles se dedicaban a la vida galante. A Felipe se le atribuían numerosas amantes, actitud que doña Juana no estaba dispuesta a permitir. Por aparecieron los celos y los enfrentamientos entre los esposos. Juana y Felipe tuvieron seis hijos.


El primer parto tuvo lugar el 15 de noviembre de 1498, naciendo una niña a la que se puso el nombre de Leonor. Según la opinión mas extendida, este embarazo fue el detonante para el cambio de actitud experimentado por Felipe, que vuelve a sus devaneos amorosos con las damas de la Corte. La princesa no reaccionó acorde con el proceder establecido por la sociedad en casos parecidos en aquella época, en lugar de transigir con la situación – quizá pagando con la misma moneda – exigió fidelidad a su marido. El caballero no varió un ápice su comportamiento, y Dª Juana, presa de unos celos obsesivos, puso de su parte todo lo posible para retornar a las apasionadas relaciones y emprendiendo, una estrecha vigilancia al infiel compañero, lo que dio lugar a situaciones embarazosas. Como ejemplo de este comportamiento sorprendente se cita dos anécdotas reveladoras: Agredió a una dama de compañía, cortándola el cabello con sus propias manos, por tener sospechas – parece ser que con total fundamento – de ser una de las furtivas amantes de Felipe.

El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos. Cuenta la tradición que el parto tuvo lugar en un retrete del palacio de Gante, debido a que acudiera a una fiesta para vigilar constantemente a su marido. No debe extrañar que ante tan insólita afectación, los cortesanos empezasen a sospechar del equilibrio anímico de la futura soberana, comenzando a tejerse la leyenda que la acompañaría en la posteridad.

Las crónicas señalan una mejora en las relaciones entre ambos cónyuges, se atribuye este acercamiento de D. Felipe a su ambición, ya que las circunstancias le colocan en disposición de reinar en España: D. Juan, hermano mayor de la princesa muere en 1497, un año más tarde corre igual suerte la siguiente hermana, Isabel y el hijo de esta, el infante Miguel fallece en 1500. Los desgraciados sucesos convierten de forma automática a Juana en heredera de las coronas de Aragón y Castilla. Fruto de la nueva luna de miel es el tercer alumbramiento: en 1501 viene al mundo Isabel, que llegaría a ser reina de Dinamarca tras su matrimonio con Christian II.

Felipe, que ya era duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante,

Felipe, que ya era duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, deseaba ampliar cuanto antes su poder, como rey consorte. A principio del año 1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser ser proclamados príncipes de Asturias, y Gerona, títulos tradicionales de los respectivos herederos de Castilla y Aragón.

El 10 de marzo de 1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando.

Por el momento, las pretensiones de Felipe no podían ir más allá de lo conseguido, con lo que no considera necesario continuar en la, hasta cierto punto, austera corte de sus suegros. Alegando cierto desgobierno en sus estados partió hacia Flandes: Juana, aún en contra de su voluntad queda en España. La separación recrudece los celos, que se tornan obsesivos; la corte española comienza a hacerse eco de las habladurías procedentes de Flandes acerca de un serio desequilibrio. Los Reyes Católicos, pretextando su estado físico tras el reciente parto, insisten en mantener a Juana a su lado vigilando su evolución. Pero la voluntad de la princesa es firme, desea acudir al lado de su esposo y embarca con destino a Flandes. Para su desconsuelo, comprueba que sus temores no eran infundados

La reina de Castilla, Isabel I, fallece víctima de un cáncer en Medina del Campo en 1504. La nueva situación les obliga a retornar, aunque un nuevo embarazo retrasa la partida; a finales del año 1505 Juana alumbra a María, en la primavera de 1506, tras una breve estancia en Inglaterra, Juana y Felipe arriban a La Coruña.

El testamento de la reina Isabel deja como heredera de la Corona de Castilla a su hija Juana, mas una cláusula indica que, en caso de desequilibrio mental, la regencia sería encomendada al padre. D Fernando de Aragón. Disposición prudente, que fue semilla de enfrentamientos políticos, que agravaron el estado de Juana.

La nueva reina carece de avidez por el poder, para ser feliz sólo necesita la fidelidad de su esposo. Diferente es la actitud de Felipe, que ansía convertirse en rey, y D. Fernando, que pide la potestad, no en vano se ha dicho que fue modelo para “El Príncipe” de Maquiavelo. Ambos se enzarzan en disputa por presuntos derechos a ejercer la regencia que emanaban de la pretendida incapacidad de Juana.

D. Felipe juega las bazas como aspirantes al poder; mediante promesas a la nobleza, y atrae a su bando a parte importante de sus miembros, D. Fernando se retira a Aragón, quedando como virtual Señor de Castilla.

La alegría dura poco a Dº Felipe, jugaba un partido de pelota en Burgos. Al terminar sudoroso, bebió agua helada; al día siguiente se sintió enfermo, nunca se repuso y el 25 de septiembre de 1507 fallecía. Se propalaron algunas especulaciones sobre la posibilidad de un envenenamiento, que la investigación histórica no ha podido corroborar.

El comportamiento de D. Juana tras el fallecimiento de su esposo constituye la mayor fuente de inspiración para todo tipo de leyendas macabras, muchas de ellas inciertas, pero que, con el paso de los años, contribuyeron a consolidar el personaje de “Dª Juana La Loca”.

En el momento de recibir la desgraciada noticia no derramó una sola lágrima; pero su rostro adquirió para siempre un rictus de desconsuelo. Su amado Felipe fue enterrado de manera provisional en Burgos, desde donde debía ser trasladado a la Capilla real de Granada, el lugar indicado por el protocolo. Una repentina epidemia aconsejo a la reina trasladarse a la Cartuja de Miraflores (Burgos), donde llevó consigo el féretro. Juana no dejó de acudir un solo día a la cripta; luego de almorzar en el monasterio, pedía a los monjes que abrieran el ataúd para acariciar a su marido. Le aterraba pensar que podrían llevar el cadáver de Felipe a Flandes, y queria comprobar que su cuerpo estaba allí.

El 20 de diciembre de ese año, con muy duro invierno castellano y la reina embarazada, comienza el traslado del cadáver hasta el panteón real de Granada, Un cortejo encabezado por la reina se trasladó hacia Granada, viajando siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó las noticias de la locura de doña Juana.

En el camino a Granada tuvo Juana su último alumbramiento deteniéndose la comitiva en Torquemada (Palencia), donde nació Catalina.

Tras el sepelio, la infortunada reina cayó en una gran depresión, D. Fernando, asume la regencia de Castilla. Para mayor control decide encerrar en 1509, a Juana en Tordesillas. En 1516 murió el rey, dejando el trono en manos de su nieto, e hijo de Juana, Carlos I de España quien se coronaría Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos V Alemania. La suerte de Juana no mejoró con el cambio de monarca; su hijo también estaba interesado en que figurase de manera oficial como incapaz, de lo contrario no sería él el Rey, con lo que mantuvo la reclusión de su madre. Allí permaneció el resto de su existencia, vestida siempre de negro y haciendo una vida retirada. Había días en que se la oía llorar llamando desconsolada a su esposo, incluso, algunos sostenían que se la escuchaba dialogar con él como si estuviera presente, todo ello contribuyó a acentuar su problema mental.

El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras 46 años de reclusión, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá la pobre Juana tuviera una leve enfermedad mental, pero no se llevó a cabo un programa de recuperación adecuado al encerrarla, aunque para descargo de sus familiares, esto ha sido práctica común con la mayoría de los enfermos mentales hasta nuestros días.

FLORIÁN

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