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19 octubre 2010

El TEMPLO DEL SOL, DESCRIPCIÓN Y GRANDES RIQUEZAS.

LA DESCRIPCIÓN DEL TEMPLO DEL SOL Y SUS GRANDES RIQUEZAS

Uno de los principales ídolos que los reyes Incas y sus vasallos tuvieron, fue la imperial ciudad del Cozco, que la adoraban los indios como a cosa sagrada, por haberla fundado el primer Inca Manco Cápac, y por las innumerables victorias que ella tuvo en las conquistas que hizo, y porque era casa y corte de los Incas sus dioses. De tal manera era su adoración, que aun en cosas muy menudas la demostraban; que si dos indios de igual condición se topaban en los caminos, el uno que fuese del Cozco y el otro que viniese a él, el que iba era respetado y acatado del que venía, como superior del inferior, sólo por haber estado e ir de la ciudad, cuanto más si era vecino della, y mucho más si era natural.

Lo mismo era en las semillas y legumbres, o cualquiera otra cosa que llevasen del Cozco a otras partes; que aunque en la calidad no se aventajase, sólo por ser de aquella ciudad era más estimada que las de otras regiones y provincias. De aquí se sacará lo que habría en cosas mayores. Por tenerla en esta veneración la ennoblecieron aquellos reyes lo más que pudieron con edificios suntuosos y casas reales, que muchos dellos hicieron para sí, como en la descripción della diremos que algunas de las casas; entre las cuales, y en la que más se esmeraron, fue la Casa y Templo del Sol, que la adornaron de increíbles las grandezas de aquella casa, que no me atreviera yo a escribirlas si no las hubieran escrito todos los españoles historiadores del Perú; ni lo que ellos dicen, ni lo que yo diré, alcanza a significar las que fueron.

Atribuyen el edificio de aquel templo al rey Inca Yupanqui, abuelo de Huayna Cápac, no porque él lo fundase, que desde el primer Inca quedó fundado, sino porque lo acabó de ordenar y poner en la riqueza y majestad que los españoles lo hallaron.

Viniendo, pues, a la traza del templo, es de saber que el aposento del Sol era lo que agora es la iglesia del divino Santo Domingo, que por no tener la precisa anchura y largura suya, no la pongo aquí; la piedra, en cuanto su tamaño, vive hoy. Es labrada de cantería llana, muy prima y pulida.

El altar mayor (digámoslo así para darnos a entender, aunque aquellos indios no supiesen hacer altar) estaba al Oriente. La techumbre era de madera muy alta, porque tuviese mucha corriente; la cubija fue de paja, porque no alcanzaron a hacer teja. Todas las cuatro paredes del templo estaban cubiertas de arriba abajo de planchas y tablones de oro. En el testero, que llamamos altar mayor, tenían puesta la figura del Sol, hecha de una plancha de oro, al doble más gruesa que las otras planchas que cubrían las paredes. La figura estaba hecha con su rostro en redondo, y con sus rayos y llamas de fuego, todo de una pieza, ni más ni menos que la pintan los pintores. Era tan grande, que tomaba todo el testero del templo de pared a pared. No tuvieron los Incas otros ídolos suyos ni ajenos con la imagen del Sol en aquel templo ni otro alguno, porque no adoraban otros sino al Sol, aunque no falta quien diga lo contrario.

Esta figura del Sol cupo en suerte, cuando los españoles entraron en aquella ciudad, a un hombre noble, conquistador de los primeros, llamado Mancio Sierra de Leguizamón, que yo conocí y dejé vivo cuando me vine a España, gran jugador de todos los juegos, que con ser tan grande la imagen la jugó y perdió en una noche. De donde podremos decir, siguiendo al padre M. Acosta, que nació el refrán que dice: "Juega el sol antes que amanezca". Después el tiempo adelante, viendo el cabildo de aquella ciudad cuán perdido andaba este su hijo por el juego, por apartarlo de él lo eligió un año por alcalde ordinario. El cual acudió al servicio de su patria con tanto cuidado y diligencia (porque tenía muy buenas partes de caballero), que todo aquel año no tomó naipe en la mano. La ciudad, viendo esto, le ocupó otro año, y otros muchos en oficios públicos. Mancio Sierra, con la ocupación ordinaria, olvidó el juego, y lo aborreció para siempre, acordándose de los muchos trabajos y necesidades en que cada día se ponía. Donde se ve claro cuánto ayude la ociosidad al vicio, y cuán de provecho sea la ocupación a la virtud.

Volviendo a nuestra historia, decimos que por sola aquella pieza que cupo de parte de un español, se podrá sacar el tesoro que en aquella ciudad y su templo hallaron los españoles. A un lado y a otro de la imagen del Sol estaban los cuerpos de los reyes muertos puestos por su antigüedad como hijos de ese Sol, embalsamados que (no se sabe cómo) parecían estar vivos; estaban sentados en sus sillas de oro, puestas sobre los tablones de oro en que solían sentarse. Tenían los rostros hacia el pueblo; sólo Huayna Cápac se aventajaba de los de más, que estaba puesto delante de la figura del Sol, vuelto el rostro hacia él, como hijo más querido y amado, por haberse aventajado de los demás; pues mereció que en vida le adorasen por dios por las virtudes y ornamentos reales que mostró desde muy mozo.

Estos cuerpos escondieron los indios con los demás tesoros, que los más de ellos no han parecido hasta hoy. El año 1559, el licenciado Polo descubrió cinco, tres de reyes y dos de reinas. La puerta principal del templo miraba al Norte, como hoy está, sin la cual había otras menores para servicio del templo.

Todas éstas estaban forradas con planchas de oro en forma de portada. Por fuera del templo, por lo alto de las paredes del templo, corría una cenefa de oro de un tablón de más de una vara en ancho en forma de corona que abrazaba todo el templo.

Fuente: Inca Garcilaso de la Vega, Crónicas de un reino.

14 octubre 2010

EL SUEÑO DEL EMPERADOR INCA EN EL MACHU PICCHU (PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.





Machu Picchu está en la Lista del PATRIMOMIO MUNDIAL de la Unesco desde el 1983, como parte de un conjunto cultural llamado el Santuario Historico del Machu Pichu. En julio de 2007, Machu Picchu fue declarada como una de las nuevas maravillas del mundo en una ceremonia realizada en Portugal, con la participación de cien millones de votantes del mundo entero.

Las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu son parte de una gran formación orográfica conocida como Batolito de Vilcabamba, en la Cordillera Central de los Andes Peruanos. Se encuentran en la rivera izquierda del llamado Cañón del Urubamba, conocido antiguamente como Quebrada de Picchu. Al pie de loas montañas corre el río Vilcanota-Urubamba. ”río sagrado” de los incas. Las ruinas se encuentran a medio camino entre las cimas de ambas montañas, a 2.438 metros sobre el nivel del mar. La superficie edificada es aproximadamente de 530 metros de largo por 200 de ancho, contando con 172 edificios en su área urbana.

Machu Picchu “Montaña Vieja”, es el nombre que se da al antiguo poblado inca andino. Construido en piedra a mediados del Siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas en la vertiente oriental de los Andes Centrales al sur del Perú. Según documentos descodificados Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso de Pachacútec, primer emperador inca, que vivio entre 1438-1470. Aunque algunas de sus mejores construcciones son de carácter ceremonial y santuario religioso. Los expertos han descartado, su carácter militar. Es considerada una obra maestra de la ingenieria y arquitectura.

La quebrada de Picchu, ubicada a medio camino entre los Andes y la floresta amazónica, fue una región colonizada por poblaciones de las montañas no selváticas, que llegarón desde las regiones de Vilcabamba y del Valle Sagrado, a Cusco, en busca de tierras de cultivo. Una explosión demográfica se produce desde el año 900 de nuestra era, por grupos no documentados históricamente pero que posiblemente estuvieron vinculados a la etnia Tampu del Urubamba. Se cree que estos pueblos podrían haber formado parte de la federación Ayamarca, rivales de los primeros incas del Cusco.

Hacia 1440, fue conquistada por Pachacútec que impresiono al monarca por sus peculiares características dentro de la geografía sagrada cusqueña y mandó construir un complejo urbano con edificaciones de gran lujo civiles y religiosas. Machu Picchu no era ningún complejo aislado, por lo que el mito de la “ciudad perdida” y del “refugio secreto” de los emperadores incas carece de fundamento. Los valles que confluían en la quebrada formaban una región densamente poblada que incrementó espectacularmente su productividad agrícola a partir de la ocupación inca, en 1440. Los incas construyeron allí centros administrativos, y abundantes complejos agrícolas formados por terrazas de cultivo. La comunicación intrarregional era posible gracias a las redes de caminos incas: 8 caminos llegaban a Machu Picchu. La pequeña urbe de Picchu se llegó a diferenciar de las poblaciones vecinas por la singular calidad de sus principales edificios.

A la muerte de Pachacútec, y de acuerdo con las costumbres reales incas, ésta y el resto de sus propiedades personales habría pasado a la administración de supanaca, que debía destinar las rentas producidas al culto de la momia del difunto rey. Machu Picchu debió perder parte de su importancia al tener que competir en prestigio con las propiedades personales de los emperadores sucesores.

La guerra civil inca y la irrupción española en el Cusco en 1534 debieron afectar considerablemente la vida de Machu Picchu. La masa campesina de la región estaba compuesta principalmente por mitmas, colonos de diferentes naciones conquistadas llevados a la fuerza hasta ese lugar, aprovecharon la caída del sistema económico cusqueño para retornar a sus tierras de origen.

Sabemos que el tributo de Picchu era entregado a los españoles una vez por año en el pueblo de Ollantaytambo, y no “recogido” localmente. De todas maneras, está claro que los españoles sabían del lugar, aunque no hay indicios de que apreciasen su importancia pasada. Los documentos coloniales incluso mencionan el nombre de quien era curaca de Machu Picchu en 1568: Juan Mácora. Que se llame “Juan” indica que había sido, al menos nominalmente, bautizado, y, por tanto, sometido a la influencia española.

Otro documento indica que el Inca Titu Cusi Yupanqui , que reinaba entonces en Vilcabamba, recibió a los frailes agustinos que acudieron a evangelizar ”Picchu”, lo que hace suponer que en su deseo de extirpar las creencias idolatras ” podrían haber llegado al sitio y haber tenido que ver con la destrucción e incendio del Torreón del Templo del Sol.

El soldado español Baltasar de Ocampo escribió a fines del Siglo XVI sobre un poblado “en lo alto de una montaña” de edificios “suntuosísimos” y que albergaba un gran acllahuasi (Casa de las escogidas) en los últimos años de la resistencia inca.

Tras la caída del reino de Vilcabamba en 1572 y la consolidación del poder español en los Andes Centrales, Machu Picchu se mantuvo dentro de la jurisdicción de diferentes haciendas coloniales que cambiaron varias veces de manos hasta tiempos republicanos (1821). No obstante, ya se había vuelto un lugar remoto, alejado de los nuevos caminos y ejes económicos del Perú. La región fue prácticamente ignorada por el régimen colonial (que no mandó edificar templos cristianos ni administró poblado alguno en la zona), el sector agrícola de Machu Picchu no parece haber estado completamente deshabitado ni desconocido. Sus principales construcciones, sin embargo, las de su área urbana, no parecen haber sido ocupadas y fueron ganadas pronto por la vegetación del bosque nuboso.

Una investigación actualmente en curso divulgada recientemente revela información sobre un empresario alemán llamado Augusto Berns, quien había “descubierto y explotado en 1867″ las ruinas y fundado una empresa “minera” para explotar los presuntos “tesoros” que albergaban (la “Compañía Anónima Explotadora de las Huacas del Inca”). De acuerdo a esta fuente, entre 1867 y 1870 y con la venia del gobierno de José Balta , la compañía habría operado en la zona y luego vendido “todo lo que encontró” a coleccionistas europeos y norteamericanos.

En 1870, el norteamericano Harry Singer realiza por primera vez un mapa con la ubicación del Cerro Machu Picchu y se refiere al Huayna Picchu como “Punta Huaca del Inca”. El nombre revela una inédita relación entre los incas y la montaña e incluso sugiere un carácter religioso (una huaca en los Andes Antiguos era un lugar sagrado).

Las primeras referencias directas sobre visitantes de las ruinas de Machu Picchu indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras cusqueño, llegó al sitio el14 de julio de 1902 guiando a los también cusqueños Sánchez, Palma y Ochoa. Los visitantes dejaron un graffiti con sus nombres en uno de los muros delTemplo de las Tres Ventanas que fue posteriormente verificado por varias personas. Existen informaciones que sugieren que Lizárraga ya había visitado Machu Picchu en compañía de Luis Béjar en 1894.

Hiram Bingham, un profesor norteamericano de historia interesado en encontrar los últimos reductos incas de Vilcabamba oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales. Llegó a Machu Picchu en junio de 1.911, guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por el sargento Carrasco de la guardia civil peruana. Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí: los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar y bebían el agua de un canal inca que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la “zona urbana” cubierta por la maleza. Bingham quedó muy impresionado por lo que vio y gestionó los auspicios de la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno peruano para iniciar de inmediato el estudio científico del sitio. Así, con varios técnicos y un grupo de trabajadores de la zona, Bingham dirigió trabajos arqueológicos en Machu Picchu en 1912 a 1915 período en el que se despejó la maleza y se excavaron tumbas incas en los extramuros de la ciudad. La “vida pública” de Machu Picchu empieza en 1913 con la publicación de todo ello en un artículo en la revista de la National Geographic.

Bingham tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas y divulgando sus hallazgos. Los criterios arqueológicos empleados no fueran los adecuados desde la perspectiva actual, aunque la polémica que hoy envuelve la irregular salida del país del material arqueológico excavado (que consta de al menos unas 46.332 piezas) y que hasta el 2009 no ha sido devuelto al gobierno peruano

03 octubre 2010

BALCONES Y VENTANAS ENREJADAS EN LAS CIUDADES CON BARRIOS MEDIEVALES



























Hemos elegido para obtener fotos, visitar la Ciudad de Cuenca, Patrimonio de la Humanidad y allí en su barrio antiguo herencia medieval donde árabes y judíos lo habitaban con cierta tolerancia en calles separadas de los cristianos que de sometidos pasaron a ser vencedores, .

Épocas de enfrentamientos, guerras, disturbios en la que las gentes tenían que defender sus pertenencias y vidas con rejas y espadas, los amigos de lo ajeno, rondaban descuidos y el bien más preciado era a cuidar eran las muchachas de edad casadera.

Las casa humildes tenían forjados más sencillos, y las de afortunados son más decorativos y con el escudo heráldico familiar incluido anunciadores del abolengo de sus moradores.

En algunas ventanas tras las rejas la amorosa mano de la dueña de la casa, ha colocado tiestos con flores para alegrar la viviendas antiguas de rígidas y sobrias líneas.

Algunas fotos se han realizado en conventos que rodean la Plaza Mayor, otras en estrechos callejones donde el fotógrafo debe dominar su maquina con posturas malabaristas, y rincones de la ciudad que merecen un paseo de placer por tan tranquilos espacios, donde el ambiente parece esperar la presencia del joven que ronda a su amada donde la reja sirve de salvaguardia infranqueable de la virtud de la doncella requerida en la pretensión del enamorado.

Deseamos que está muestra, le animé a visita directa de tales obras de arte, inmerso en empinadas cuestas y naturaleza.

Florián