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23 diciembre 2010

EL FILOSOFO SAN AGUSTIN


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Aurelius Augustinus Hipponensis uno de los cuatro más importantes Padre de la Iglesia, a la cual le facilitó argumentos para atraer fieles.

Nació el 354 en Tagaste, pequeña ciudad romana en África, su madre, Santa Monica fue ejemplo de piedad y bondad abnegada que enseñó a su hijo los principios básicos del cristianismo y al ver cómo el joven Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio de un gran sufrimiento.

Agustín estaba dotado de una gran imaginación y de una extraordinaria inteligencia. Se destacó en el estudio de las letras. Mostró un gran interés hacia la literatura griega clásica y poseía gran poder de elocuencia y retórica . Gustaba en gran medida de recibir halagos y fama, que encontró fácilmente en aquellos primeros años de su juventud, sobresalió en concursos poéticos y certámenes públicos.

Se dejaba llevar por las pasiones humanas y mundanas, y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual y mujeriego, tuvo relaciones con mujeres y se le atribuyeron varios hijos, a los que no reconoció ni atendió a las madres, ni realizó atención alguna hacia ellos. El propio Agustín hace una crítica muy dura y amarga de esta etapa de su juventud en sus Confesiones.

A los diecinueve años, despertó en la mente de Agustín el espíritu de especulación al leer a los autores griegos y se dedica de lleno al estudio de la filosofia. En esta época cuando el joven Agustín conocerá a una mujer con la que mantendrá una relación estable de catorce años y con la cual tendrá un hijo: Adeodato.

En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasa de una escuela filosófica a otra sin que encuentre en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abraza el Maniqueísmo religión de influencia irani de tipo dualista agnóstica, fundada por el sabio persa Manes considerado por sus seguidores como divinamente inspirado que se cree extinguida en sus últimos reductos en Asia desde el Siglo XVII, creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y solamente la abandonó después de hablar con el obispo Fausto. Ante tal decepción, se convenció de la imposibilidad de llegar a alcanzar la plena verdad , y por ello se hizo escéptico, creían que todo es tan subjetivo que sólo es posible emitir opiniones sin base cierta.

Fue en Milán donde se produjo la última etapa antes de su conversión: empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ámbrosio y quedo admirado de sus predicaciones. Entonces decidió romper definitivamente con el maniqueísmo. Se despidió de su compañera sentimental con gran dolor y en vez de optar por casarse decidió vivir como asceta, del sacerdote Simpliciano aprendió los escritos neoplatónicos cuya filosofía le ayudó a resolver el problema del materialismo y el del mal. San Ambrosio le ofreció la clave para interpretar el Antiguo Testamento. y encontrar en la escritura inspiración para elaborar fuentes de fe.

Se consagra al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renuncia a su cátedra y se retira con su madre y unos compañeros cerca de Milán para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. A los treinta y tres años de edad, es bautizado en Milán por el santo obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresa a África, y antes de partir su madre muere en Ostia, el puerto cerca de Roma.

Cuando llegó a Tagaste vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Años después esta experiencia será la inspiración para su famosa Regla. A pesar de su búsqueda de la soledad y el aislamiento, la fama de Agustín se extiende por toda la comarca.

En el 391 viajó a HIPONA para buscar un lugar donde abrir un monasterio y vivir con sus hermanos, pero durante una celebración litúrgica fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote, a causa de las necesidades del obispo de Hipona Valerio. Aceptó esta brusca elección, fue consagrado obispo en el 395. Fue entonces cuando dejó el monasterio de laicos y se instaló en la casa del obispo, que transformó en un monasterio de clérigos.

La actividad episcopal de Agustín es enorme y variada. Predica todo el tiempo y en muchos lugares, escribe sin descanso y polemiza con aquellos que van en contra de la doctrina cristiana de aquel entonces, preside concilios, y resuelve los problemas más diversos que le presentan sus fieles.

Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del 430. Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavia donde están sus restos en la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, donde reposa.

San Agustín tiene gran importancia en la historia de la cultura europea. La obra de Agustín de Hipona está constituida por trece libros en los que nos narra su vida, formación y su evolución interior; también habla de la psicología, de la filosofía, de su concepto y su visión del mundo. Su ovbra está dividida en dos grandes partes:

· Libros 1-9: contienen la confesión de los errores de Agustín hasta su conversión. Terminan con la muerte de su madre Mónica en Ostia.

· Libros 10-13: alaba a Dios y a su creación.

Leyó y conoció de memoria muchas obras de filósofos, entre ellas estaban las de Cicerón, Séneca, Plotino y Porfirio, al considerarles los filósofos clásicos más cercanos al cristianismo y por haber dado vida a una enseñanza común de la verdadera filosofía.

Soluciona el problema de la presencia de los pecadores en la Iglesia diciendo que es un cuerpo mixto y que los pecadores no contaminan las virtudes de los buenos. Sus Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a considerar la introspección como elemento importante en la literatura. San Agustín va a ser un puente importante entre la Antigüedad y la cultura cristiana. El especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón va a marcar fuertemente los siglos posteriores en Occidente. Frases celebres:

· Los pecadores forman parte de la Iglesia sólo en apariencia, los justos poseen realmente la justicia.

· Casarse está bien. No casarse está mejor.

· La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.

· El hábito, si no se resiste, al poco tiempo se vuelve una necesidad.

· Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos.

· Donde no hay caridad no puede haber justicia.

· La medida del amor es amar sin medida.

Comentario:

Es reconocible su gran inteligencia y capacidad de trabajo. Es un santo de la Iglesia. En el mundo de hoylas personas que como el santo viven con mujeres, al menos con una de ellas estuvo conviviendo catorce años, y tuvo un hijo, a su amante y al niño los abandonó. que abandonó con su madre. Su concepto hacia la mujer “como fuente de pecado” hoy seria calificado como machismo y exento de comprensión y amor.

Más aquellos eran otros tiempos.!!.


FLORIÁN YUBERO

17 diciembre 2010

ARTE Y FILOSOFIA

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Un término importado de la lengua griega, donde significa ciencia por oposición a “techne”, que serviría para designar el conjunto de los conocimientos positivos vinculados a prácticas dispersas (navegación, medicina, gimnasia, mecánica, etc.); esta oposición no coincide con lo que nosotros establecemos como ciencia y técnicas. La lengua filosófica, por lo demás, se ha hecho cargo del término episteme, no para designar la ciencia, sino para forjar el nombre de la disciplina llamada epistemología, la teoría del conocimiento o gnoseología, que es la teoría del conocimiento tomada en el sentido amplio (filosófico), y no sólo científico. Contemporáneamente, a partir de Foucault, episteme es matriz de conocimiento, la forma como accedemos a éste. Alejandro Moreno Olmedo (1993) nos dice: “La episteme no se piensa; se piensa en cambio en ella y desde ella. En cierto modo se es pensado por ella, en cuanto el pensamiento por ella está regido”.

FLORIÁN YUBERO

24 octubre 2010

El pensador de Rodin y el del Museo del Domus



El pensador (Le Penseur) es una de las más famosas esculturas en bronce de Auguste Rodin.

La pieza, denominada originalmente El poeta, formaba parte de una comisión del Museo de Artes Decorativas de París para crear un monumental portal basado en La Divina comedia de Dante. Cada una de las estatuas representaba a uno de los personajes principales del poema alegórico. El pensador, en su origen, buscaba representar a Dante frente a Las Puertas del Infierno (como llamó, en efecto, al portal del que formaría parte), ponderando su gran poema. La escultura es un desnudo, ya que Rodin deseaba una figura heroica al estilo de Miguel Ángel para representar tanto el pensar como la poesía.

Rodin hizo un primer modelo de la escultura en yeso en 1880, aunque la primera escultura a gran escala se culminó en 1902, aunque no fue presentada en público hasta 1904.

Existen más de veinte versiones de la escultura en diferentes museos alrededor del mundo. Algunas son versiones ampliadas del original; otras, de diferentes proporciones. El Pensador está fundido en bronce y fue terminado en 1880.



En la misma postura y como burla al ser humano que busca la verdad en la reflexión sin encontrarla, existe una estatua en el Museo del Domus (Casa del Hombre) en A.Coruña, sorpresa para el visitante, porque aunque estamos acostumbrados a ver y conocemos el esqueleto humano, no de este extraño e impactante color.

Este museo es el primero del mundo con carácter interactivo dedicado al ser humano, se encuentra en un gran edificio frente a las playas que contiene más de 200 módulos interactivos para reflexionar sobre las características de la especie humana. El edificio esta construido por el arquitecto japonés, Arata Isozaki que gano el concurso.

Florián.

08 octubre 2010

LA MUJER EN LA FILOSOFIA


No es que no hayan existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, aunque ojalá después se hayan apropiado de sus ideas.

Umberto Eco

Como resultado del proceso social de cambio puesto en marcha por el feminismo a partir de los años setenta, las ciencias humanas y la Filosofía han comenzado a revisar gran parte de sus presupuestos y teorías. Así, por ejemplo, en el ámbito de la educación se han realizado numerosos estudios para erradicar los materiales y las conductas sexistas.

Hoy el término de coeducación nos remite a una serie de esfuerzos conscientes para que la escuela mixta ofrezca verdadera igualdad de oportunidades para ambos sexos en el aprendizaje. La Sociología ha corregido graves deformaciones de sus estudios debidas a la invisibilización de las mujeres. En el caso que aquí nos interesa, el de la Filosofía, se han desarrollado diferentes tipos de investigación. Por el momento, sólo quiero señalar que ha habido una evolución en los objetivos y en el objeto de interés. Me limitaré, pues, a enumerar los tipos de trabajos existentes.

Muchos de los primeros trabajos realizados a partir de los años setenta pueden ser caracterizados como la búsqueda de "perlas de la misoginia". Se identificaban y recopilaban pasajes particularmente desfavorables a las mujeres en la obra de filósofos famosos, pasajes púdicamente silenciados, en general, por los manuales. Pero esta tarea pronto se convirtió en algo más complejo y elaborado. La identificación del sexismo ha tomado la forma de genealogía y análisis de conceptos y teorías, así como de detección de contradicciones internas en el discurso universalista del filósofo.

También se ha procedido a rastrear en el pasado para reconstituir una línea filosófica emancipatoria perdida una y otra vez en los corsi e ricorsi de la Historia. Recuperar los nombres y los textos de pensadoras y pensadores que fueron capaces de criticar el orden estratificado de género en épocas anteriores al surgimiento del feminismo contemporáneo ha sido una tarea importante.

La formación de una conciencia de género requería, asimismo, luchar contra tópicos arraigados como el de la inexistencia de filósofas. Rescatar del olvido o de la sombra de algún gran hombre a pensadoras de mérito es otro de los modos que ha tomado la investigación de género. Ambas tareas -constitución de un corpus filosófico no sexista y reconocimiento de la obra filosófica realizada por mujeres- son fundamentales.

El análisis de las teorías consagradas no se limitaría a señalar incoherencias o falsos universalismos constitutivos de sexismo. También comenzaría a sospechar sobre la existencia de un sesgo androcéntrico, es decir, de un presupuesto general no consciente por el que las experiencias y valores masculinos se constituyen en norma, modelo y centro de la construcción teórica. Estacrítica al androcentrismo se ha desarrollado tanto en el ámbito de la ética como en el de la epistemología, la metafísica o la Historia de la Filosofía.

Cabe señalar que, hoy en día, el arraigo y la fuerza del pensamiento feminista en Filosofía son tan grandes que éste ya no se limita únicamente a denunciar el sexismo y el androcentrismo, sino que mantiene debates internos entre distintas corrientes de interpretación del sistema de género y realiza propuestas de Filosofía Política que están siendo discutidas en los Parlamentos occidentales. Este es el caso, por ejemplo, de la democracia paritaria.

Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano, que en un artículo titulado “Filosofar en Femenino” publicado en el Diario La Nación de Argentina en 2004, decía:

“La antigua afirmación filosófica de que el hombre es capaz de pensar en el infinito mientras la mujer da sentido a lo finito puede ser leída de diversas maneras: por ejemplo, suponer que como el hombre no sabe hacer niños, se consuela con las paradojas de Zenón. Pero a partir de la afirmación del género se ha difundido la idea de que si bien la historia (al menos del siglo XX) nos ha hecho conocer grandes poetas y narradoras, y científicas de diversas disciplinas, no nos ha ofrecido

mujeres filósofas ni matemáticas.

Desde hace mucho tiempo la distorsión del género ha dado lugar a la convicción de que las mujeres no han sido afines a la pintura, con las únicas excepciones de las conocidas Rosalba Carriera o Artemisia Gentileschi. Sin embargo, la ausencia de mujeres en ese campo era algo natural, ya que como la pintura se concentraba en los frescos de las iglesias, subir a los andamios con faldas no era algo decente, ni tampoco era tarea de mujeres dirigir un taller con 30 aprendices, ellas a duras penas podían hacer pintura de caballete. Es un poco como decir que los judíos se han destacado en muchas artes pero no en la pintura, hasta que llegó Chagall.

Es cierto que su cultura era eminentemente auditiva y no visual, y que no debían representar la divinidad por medio de imágenes, pero existe una producción visual de indudable interés en muchos manuscritos judíos. El problema es que era muy difícil, durante los siglos en los que el arte figurativo estuvo en manos de la iglesia, que un judío fuera estimulado a pintar madonnas y crucifixiones, y sería como asombrarse de que ningún judío se haya convertido en Papa.

Las crónicas de la Universidad de Bologna citan a profesoras como Bettisia Gozzadini y Novella d'Andrea, que eran tan bellas que debían dar sus lecciones detrás de un velo para no perturbar a los estudiantes, pero ninguna enseñaba filosofía.

En los manuales de filosofía no encontramos mujeres que enseñaran dialéctica o teología. Eloísa, la brillantísima e infeliz estudiante de Abelardo, tuvo que contentarse con ser abadesa. Pero el problema de las abadesas no debe tomarse con ligereza, y a él ha dedicado muchas páginas una mujer filósofa de nuestro tiempo como María Teresa Fumagalli. Una abadesa era una autoridad espiritual, organizativa y política y desempeñaba funciones intelectuales importantes en la sociedad medieval. Un buen manual de filosofía debe consignar entre los protagonistas de la historia del pensamiento a grandes místicas, como Catalina de Siena, por no hablar de Hildegarda de Bingen, que, en cuanto a visión metafísica y a perspectivas sobre lo infinito, resulta difícil de superar aún en nuestros días.

La objeción de que la mística no es filosofía no tiene fundamento, porque la historia de la filosofía reserva un espacio a grandes místicos como Suso, Tauler o Eckhart. Y decir que gran parte de la mística femenina daba mayor importancia al cuerpo que a las ideas abstractas sería como decir que de los manuales de filosofía habría que hacer desaparecer, entre otros, a Merleau-Ponty.

Las feministas hace tiempo han elegido a su heroína Hipatia, quien, en Alejandría, en el siglo V, era maestra de filosofía platónica y alta matemática. Hipatia se convirtió en un símbolo, pero de su obra prácticamente sólo quedó la leyenda, porque se perdió y también la propia Hipatia, literalmente hecha pedazos por una turba de cristianos enfurecidos, que según algunos historiadores fueron instigados por cierto Cirilo de Alejandría, quien, más tarde aunque no por esto, fue convertido en santo.

¿Pero sólo habrá existido Hipatia? Hace poco más de un mes fue publicado en Francia (en Arléa) un librito, Histoire des femmes philosophes. Según se revela, el autor, Gilles Mónage, vivía en el siglo XVII, era un latinista, preceptor de Madame de Sévigné y de Madame de Lafayette, y su libro, aparecido en 1690, se titulaba originalmente Mulierum philosopharum historia.

Hipatia no estaba nada sola: aunque está principalmente dedicado a la filosofía clásica, el libro de Mónage presenta una serie de figuras apasionantes: Diótima la socráte, Areté la cirenaica, Nicareté la megárica, Iparchia la cínica, Teodora la peripatética (en el sentido filosófico del término), Leoncia la epicúrea, Temistoclea la pitagórica. Y Mónage, tras examinar textos antiguos y la obra de los Padres de la Iglesia, llegó a citar a más de sesenta y cinco, si bien considerando la idea de filosofía en un sentido bastante amplio.

Si se toma en cuenta que en la sociedad griega la mujer era confinada tras los muros domésticos, que los filósofos preferían entretenerse con jovencitos y que para gozar de pública notoriedad una mujer debía ser cortesana, se comprenderá el enorme esfuerzo que deben haber hecho estas pensadoras para poder afirmarse. Por otra parte, como cortesana, pero de calidad, se recuerda a Aspasia, señalando que era versada en retórica y en filosofía y a quien (según da testimonios Plutarco), Sócrates frecuentaba con gran interés.

En las enciclopedias filosóficas de todos estos nombres (salvo Hipatia) no se encuentra ningún rastro. No es que no hayan existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, aunque después se han apropiado de sus ideas.

Fuente: Alicia H. Puleo “Filosofía, Género y pensamiento crítico”